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El Estado Mexicano como las Mujeres Víctimas de Violencia

Las Ciencias Sociales especializadas a la atención de víctimas de violencia familiar definen al Síndrome de Indefensión Aprendida o Desesperanza Inducida como una condición psicológica en la que la víctima de violencia aprende a creer que está indefensa, que no tiene ningún control sobre la situación en la que se encuentra y que cualquier cosa que haga es inútil.

Hablemos del Estado Mexicano como si fuera (lo es) un símil de las mujeres víctimas de violencia familiar y que a consecuencia de una relación tirante y codependiente con EUA tiene ya este síndrome.

Los últimos sucesos macan un retroceso en la relación con Estados Unidos en donde como buen dominante en la pareja, pone sus reglas, chantajea y amenaza y México como buen pasivo/sumisa de la pareja, se confunde, se deprime y se aísla.

Como resultado de un proceso sistemático de violencia, la víctima (México) permanece pasiva frente a una situación que daña, incluso cuando dispone de la posibilidad real de cambiar estas circunstancias.

Este síndrome es una “adaptación psicológica”, una salida que encuentran las víctimas para procesar tanto dolor, decepción e impotencia a lo largo de toda su historia; y no la tenemos fácil cuando no hay manera de dejar de ser vecinos aunque el muro nos separe, seguiremos teniendo relación para siempre y por siempre (como cuando hay hijos e hijas).

Cuando se ha sufrido violencia de cualquier tipo, ciertas situaciones se presentan ante las víctimas como “sin salida”, y antes de intentar cualquier acción para revertirla se asumen en pleno convencimiento de que nada se puede hacer para mejorar dicha realidad, que no hay otra salida, más que la que han optado; en el caso del Estado Mexicano, refrendando la “amistad” la disposición de diálogo y hasta eliminando aranceles a varios productos.

Tras fracasar en su intento por contener las agresiones, prevenirlas, evitarlas o alejarse de ellas, y en un contexto de baja autoestima  que se refuerza cotidianamente ante la incapacidad por acabar con esa situación, las víctimas asumen lo que les pasa como un castigo merecido, que por no haber actuado a tiempo esta es una consecuencia natural a su situación, asume la responsabilidad a medias, pues en el fondo deposita su situación a las circunstancias que van más allá de su control, por ejemplo, el aumento al costo de la gasolina en el mundo. 

El silencio (o la omisión, que no es lo mismo), es uno de los principales obstáculos a los que una víctima de violencia se enfrenta, el silencio hacia sí misma y hacia las y los demás; privando a su red de apoyo cercana (ciudadanía) de la posibilidad de intervención inmediata.

Reconocerse como víctima y “traicionar” al que ha sido su compañero, asumir el juicio social, sentirse responsable de las agresiones, la falta de perspectivas  personales  y económicas, son factores psicológicos y sociales nada fáciles de encarar, que mantienen en la víctima el efecto de la terrible lacra que es la violencia.

 Y ¿qué hacer? 

Reconocer la confusión, buscar nuevos aliados, hacer una introspección y trabajar en su interior y desengancharse de lo que su ex hace.

Pensar(se), atender(se), cuidar(se), recuperar(se), tener y dar certeza de que puede salir adelante.

Esto no es trabajo de uno (EPN) es trabajo de todas y todos, de tener conciencia que la situación es difícil pero no imposible, recordar que se ha salido de otras dificultades y que esta es una más y que el trabajo se tiene que hacer aunque nos enojemos, aunque nos deprimamos.

La vida se preserva, la vida es primero, NUESTRA vida es primero.

A darle !

Adaptación del texto de http://www.cimacnoticias.com.mx/node/63547

¿Y qué harás en este nuevo año que está por llegar?

Nada te asegura que el día después del 31 de diciembre de cualquier año, sea diferente al resto de los días que has vivido. Es un día más o un día menos.

La realidad es que el 1ro. de enero es como cualquier otro día. Despertarás de buen humor o no, con cansancio o con muchos bríos, pero en el fondo, todo es igual.

Será el inicio de un año más en el que cumplirás a medias tus propósitos y olvidarás tus metas, justificarás una y otra vez tu falta de disciplina y determinación, culparás a tu jefe, a tus padres, al gobierno, a la economía, a todo menos a ti.

Y cuando menos te la imafin s, te enfrentarás nuevamente a un diciembre insípido, con cuentas pendientes y con sueños cumplidos a la mitad.

¿Cuántas veces has vivido este ciclo? ¿Cuántas veces has llegado a fin de año con la insatisfacción o resignación de no haber cumplido tu palabra?

Y se quedan reencuentros pendientes, palabras sin decir, perdones sin realizar y todo queda igual.

El 31 de enero es un día más… a menos que utilices el simbolismo de la fecha para hacer algo al respecto. ¿Quieres empezar de cero? Perdona, agradece y suelta.

¿Quieres cumplir tus propósitos? Fija metas cortas y realistas. Confía en ti y no escuches a quien quiere desanimar tu espíritu.

¿Quieres que este año sea significativo y distinto? Ayuda, apoya las causas en las que tengas interés: personas en situación de calle, niñas y niños en abandono, ecología, animales, no importa la causa, comprométete y ayuda.

¿Quieres que las cosas cambien? Cambia tú.

O no y sigue como estás, con tus cosas a medias, con tus amores a medias, con tus amistades truncas, con tus proyectos llenos de justificaciones, siendo quién eres, así mediocre y gris.

Está en tus manos,  aprovecha (o no) este momento y empieza a ser diferente.

¿Qué fue lo más importante que hiciste este año? – Sobreviví

Vivir en una ciudad en donde las cifras oficiales marcan que cada día mueren tres mujeres víctimas de feminicidio, en donde mueren personas por asalto a mano armada, en donde la frustración es parte del día a día, acabar este año sí es un gran logro.

Hay algunos años que tienen más significado que otros, ya sea por eventos significativos (boda, nacimiento de un/ hijo/a, divorcio, fallecimiento de un ser querido, etc.), por situaciones relacionadas a la salud o integridad física (enfermedades, operaciones, accidentes), por cambios profesionales como un nuevo trabajo, certificación en alguna nueva aptitud o habilidad, despidoo terminar una etapa escolar o empezar un oficio propio. También, hay años significativos por algún aprendizaje de vida, reencuentros, por  el fin de una relación, nuevas amistades o cierre de ciclos.

Te invito a que hagas una pequeña evaluación de tu año, mes por mes destaca lo más significativo y trata de encontrar qué hubo más: pérdidas o ganancias. 

Hay años que se definen por las pérdidas, otros por las ganancias y otros (los más buscados) se definen como equilibrados.

Creo que en los años en que se destacan más las pérdidas, sequía y duelos, son los años más difíciles de culminar, uno llega a fin de año con una sensación de prisa para iniciar un nuevo ciclo, con una esperanza de que el próximo año será mucho mejor – nuestra lógica y optimismo así nos lo hacen pensar: “No hay mal que por bien no venga”.

En los años en los que predominan las ganancias, son los años que más rápido se nos pasan y terminamos el año con una sensación de satisfacción, de logro y éxito y no quieres que se acabe ese año, esa racha y la verdad, que esa buenaventura no acaba solo con que acabe el año, puede o no durar por buenos periodos.

Y en los años que son más equilibrados, esos que hubo de todo, con surtido rico decexperiencias de todo tipo, son, a mi parecer, los años que más crecimiento podemos ver en nosotras/os mismas/os, sobreponerse a las derrotas para estar en óptimas condiciones para las victorias, necesita mucho esfuerzo y mucha energía. Tener buena actitud aún cuando quieres quedarte en casa y no salir nunca más, requiere voluntad y tenacidad, todo eso, fortalece el carácter y el espíritu. Vivir buscando lo bueno aún e lo más negro, requiere de inteligencia y determinación, y puedes terminar el año con sensaciones de agotamiento, satisfacción, hartazgo y alegría todo mezclado, todo revuelto pues así fue tu año.

Al final, no importa qué tan lindo, desgarrador o equilibrado haya sido tu año, lo importante es que estás aquí, sobreviviste. 

Cuando de amé de verdad

Este texto es original de Charles Chaplin; lo comparto porque en el humor debe de haber amor y en el amor debemos reírnos de nosotr@s mism@s y de nuestras circunstancias, así la vida es mucho más llevadera.

Disfruten…


Cuando me amé de verdad, comprendí que en cualquier circunstancia, yo estaba en el lugar correcto y en el momento preciso. Y, entonces, pude relajarme. Hoy sé que eso tiene nombre… autoestima.
Cuando me amé de verdad, pude percibir que mi angustia y mi sufrimiento emocional, no son sino señales de que voy contra mis propias verdades. Hoy sé que eso es… autenticidad.

Cuando me amé de verdad, dejé de desear que mi vida fuera diferente, y comencé a ver que todo lo que acontece contribuye a mi crecimiento. Hoy sé que eso se llama… madurez.

Cuando me amé de verdad, comencé a comprender por qué es ofensivo tratar de forzar una situación o a una persona, solo para alcanzar aquello que deseo, aún sabiendo que no es el momento o que la persona (tal vez yo mismo) no está preparada. Hoy sé que el nombre de eso es… respeto.

Cuando me amé de verdad, comencé a librarme de todo lo que no fuese saludable: personas y situaciones, todo y cualquier cosa que me empujara hacia abajo. Al principio, mi razón llamó egoísmo a esa actitud. Hoy sé que se llama… amor hacia uno mismo.

Cuando me amé de verdad, dejé de preocuparme por no tener tiempo libre y desistí de hacer grandes planes, abandoné los mega-proyectos de futuro. Hoy hago lo que encuentro correcto, lo que me gusta, cuando quiero y a mi propio ritmo. Hoy sé que eso es… simplicidad.

Cuando me amé de verdad, desistí de querer tener siempre la razón y, con eso, erré muchas menos veces. Así descubrí la… humildad.

Cuando me amé de verdad, desistí de quedar reviviendo el pasado y de preocuparme por el futuro. Ahora, me mantengo en el presente, que es donde la vida acontece. Hoy vivo un día a la vez. Y eso se llama… plenitud.

Cuando me amé de verdad, comprendí que mi mente puede atormentarme y decepcionarme. Pero cuando yo la coloco al servicio de mi corazón, es una valiosa aliada. Y esto es… saber vivir!

No debemos tener miedo de cuestionarnos… Hasta los planetas chocan y del caos nacen las estrellas.

Charles Chaplin

Resiliencia 

¿Te acuerdas de esa vez que corriste muy rápido para ganar la carrera y te caíste? ¿O la vez que te peleaste con tu herman@ y pensaste que nunca más volverías a hablarle?

Uy y ¿te acuerdas cuando reprobaste esa materia y tuviste que recursarla?

En su momento esas experiencias parecían insuperables, parecía que nada peor podía suceder y de repente sin saber cómo ni cuándo se arreglaban, unas veces con más esfuerzo que otras, pero al final del tiempo, las superaste.

¿Te acuerdas cuando murió tu mascota? ¿Tu abue? ¿Cuando terminaste con tu primer amor?

Parecía que se acababa el mundo, que nada iba a poder regresarte la sonrisa y de repente conociste otro amor, tuviste otra mascota y pudiste recordar a tu abue sin sentirte tan mal.

Resulta que esa manera en la que te recuperas de las investiduras de la vida son una huella única de tu personalidad, porque la forma en la que tú superas esas experiencias es muy diferente a la de alguien más.

Así que cuando creas que estás viviendo lo peor de tu vida, una pérdida irreparable, una separación dolorosa o has recibido una horrible noticia, recuerda:

También vas a superar esto, porque eres fuerte y porque tienes mucha experiencia en recuperarte de los golpes y caídas.

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El éxito

Desde la infancia nos imponen un concepto sobre el éxito basado en resultados: las calificaciones y la lógica es, a mayor calificación, mayor es el éxito. 

¿Importó cómo nos sentíamos en el proceso? No, sólo importaba el resultado.

Nos desarrollamos en un ambiente en el que el éxito se mide numéricamente: calificaciones, dinero, bienes, amistades, likes, followers…

¿Importa cómo los conseguimos? No, solo el resultado.

Y nos pasamos la vida comparándonos con quienes creemos que tienen éxito, competimos, escalamos y nos buscamos un lindo lugar desde donde podemos contemplar nuestros logros.

¿Nos importó todo lo que hicimos o renunciamos para conseguirlo? No, solo nos importa el resultado.

Y llegamos a la vejez con achaques relacionados al stress, al descuido y al desgaste, aveces en soledad o con nuestras relaciones familiares y amorosas destruidas, tal vez con dinero, tal vez con casa, pero ¿felices?

Cada vez más autores relacionan el éxito con la felicidad, alejan los concepto de posesión o status a los de satisfacción y bienestar.


¿Es entonces el éxito un proceso de disfrute y conciencia sobre lo que hacemos día a día?

Si vivimos concientes y disfrutamos los procesos de aprendizaje, nos creamos metas, fomentamos nuestra habilidad para soñar y tener ambiciones, nos recuperamos de los fracasos y desepciones, y estamos presentes en cada etapa de nuestra vida, el éxito se convierte en una experiencia cotidiana y no en sí mismo en una meta.

Si descubrimos nuestra(s) pasión (es), trabajamos para hacerlas realidad, nos enfocamos y somos tenaces, nos impulsamos a innovar las ideas, mejoramos día a día en todos los aspectos de nuestra vida, nos recuperamos, tenemos una misión de servicio y persistimos, viviremos la constancia del éxito, el éxito es: no rendirnos.

El éxito no trae la felicidad, ni mejora el autoestima, al contrario, es nuestra autoestima la que nos dará la posibilidad de vivirnos felices y con éxito, sin importar nuestra cuenta de banco o deudas ni la marca de coche que manejemos.

En la medida que tengamos claros nuestros objetivos, confiemos en nuestras habilidades y conocimientos, podamos pedir ayuda cuando lo necesitemos, desarrollemos la habilidad de reinventarnos y ser flexibles ante los eventos y nos levantemos después de cada caída, viviremos en el éxito o más bien, el éxito vivirá en nosotros.

La  clave del éxito, no está en el exterior, es impulsarnos desde nuestro interior con la mejor actitud para tenerlo.


Ilse

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Tiempo para sanar 

Tenemos la sensación que tenemos tiempo para hacer todo lo que queremos… Tiempo para casarnos, tener hijos, cambiar o mejorar de empleo, independizarnos, para ver a la familia o amistades…

Parecería que tenemos el tiempo suficiente para que nos alcance la vida para hacer de todo. 

Cuando experimentamos placer en lo que hacemos, queremos que el tiempo se detenga, es más, perdemos la noción de su transcurrir.

Cuando algo nos duele, enoja o nos causa conflicto, parecería entonces que queremos que el tiempo pase de inmediato para dejar de sentir eso que no nos tiene bien, para eso sí tenemos prisa.

Es tan relativo y si bien hay tiempo de siembra y de cosecha, de despegue y planeación, de cursis encuentros y desenlaces avasalladores, poco podemos hacer para que transcurra como queremos.

Es tan natural, tan suyo su paso, que tal vez queda contemplarlo como cuando pasa una manada de elefantes, con ese mágico andar, solo queda admirar, apreciar y maravillarse.

Si renunciamos a la enfermiza idea del control del tiempo, tal vez nos podamos dar cuenta que no somos dueños ni de él ni de nada, y tal vez, solo tal vez así, podamos darnos tiempo para sanar y lamernos las heridas.

El Stand Up como terapia: Yo soy yo


En terapia aprendí que para cambiar mi vida tenía que empezar por cambiarme a mí y para transformarme tenía que aceptarme.

Pero, ¿cómo aceptas lo que no conoces? Antes de aceptarme, entonces estuvo la tarea de conocerme. 

El problema está en que la opinión que tenía de mi, también estaba la opinión que mis papás -“No es que seas tonta, eres distraída”- la de mis hermanos -“eres muy berrinchuda”- la de las amistades de la escuela, novios, compañeros de trabajo y etc.

Mi autoconcepto era un rompecabezas armado con piezas que no eran mías.

La terapia ayudó (obvio tengo que decir eso, soy psicóloga) y entré en una fase de justificar cada decisión y cada acción a todas esas voces externas que “me enseñaron a ser quien soy”…  Pero que falta de responsabilidad caray!

¿Cómo transformar algo que tiene un origen externo? Comencé entonces por responsabilizarme de quién soy y mis decisiones sin culpar a nadie más, bueno, si culpo a mi mamá por mi metabolismo… solo de eso.

En fin, han pasado los años y me doy cuenta que para escribir (recordemos que el Stand Up es esta comedia de autor), debo de estar cercana a mi, a mis ideales, a mis manías, a mi neurosis.

Y debo estar en contacto permanente con esa observadora que habita en mi mente que traduce el mundo y lo convierte en mí mundo, esa que se cuestiona por qué pasan las cosas, por qué amo el helado y odio el brócoli, por qué odio a algunas personas, etc.

Desde que retomé la escritura y volví a estar en contacto conmigo misma y amarme como soy, aprendí que escribir desde este enfoque ayuda a observarte, conocerte, analizarte, entenderte y poder decirte a ti y al mundo: 

        Yo soy yo y está poca madre!

Aquí se vale todo

Cuando era más joven, sentía la imperiosa la necesidad de agradar, de quedar bien, de hacer que tuvieran una buena impresión de mí, aún así, me revelaba a los convencionalismos, a ser igual a todos y a no pensar.

Viví entre el “no se debe” y el “pero a mí me nace”, esa dualidad entre el impulso y el deber ser hicieron de mí, una mujer gustosa y culpada.