Stand Up: Exorcizando Demonios

 

 

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Ni los Ghostbusters,ni Buffy la Cazavampiros, ni Van Helsing, saben de verdad lo que es cazar demonios, lo que es destruirlos…

Freud propuso un método que, para 1900 (año oficial de la creación del Psicoanálisis), era revolucionario e intrépido: Enfrentar al inconsciente.

Ya muchos antes de él lo habían intentado, algunos por medio de la hipnosis, electroshocks o hasta trepanaciones (hacer hoyitos en el cráneo y en ocasiones sacar un poco de masa encefálica), pero nadie como él, había entendido que el asunto no era estrictamente biológico, era, mental…

Y en dónde está la mente sino en el cerebro? Es más complejo de lo que uno se imagina, es como esa eterna discusión sobre en dónde se aloja el alma…hay quienes a la fecha dicen que en la garganta, justo en medio del corazón y el cerebro… la mente.. está ahí, en nosotros, en dónde? yo creo que nos recorre por todo el cuerpo, por eso, cuando tenemos miedo, lo sentimos en el estómago, o cuando sentimos ira, la sentimos en la mandíbula, en los puños y en los hombros.

El tema no es en dónde habita la mente dentro de nosotros, el tema es, que el método creado por Freud y utilizado por más de un siglo por muchos, es un arma para exorcizar demonios y ha evolucionado…

Y cuando me refiero a los demonios, no hablo de esos que babean y huelen a azufre, no, sino de esos que nos fueron heredados desde las historias de las abuelas, las creencias de los padres, el lugar que ocupamos en la familia, nuestras experiencias y temores. Me refiero a esos demonios que saben nuestro idioma y nos hablan de cerquita, casi siempre detrás el oído, con esa voz que muchas veces nos dice cosas como: Tú no puedes, no sabes, no entiendes…

Esa voz que te recuerda cada decepción amorosa, cada 6 en matemáticas, cada que fallaste un gol…

Esos demonios no pueden ser eliminados con balas de plata, con ajo  o crucifijo, ni siquiera cortándoles la cabeza.

Freud  descubrió que a través del psicoanálisis se podía accesar al demonio principal y dialogar con él, fue a partir del caso de Ana, que entendió que lo que cura es hablar… hablar y hacer consiente lo inconsciente … hacer consciente y resignificar y repetir la dosis durante mucho mucho tiempo.

El método psicoanalítico de sentir, pensar, relacionar, entender y resignificar me ha acompañado a lo largo de mi vida, pero burlarme de mí misma no era parte del tratamiento.

A partir de unos meses atrás, encontré algo, una pieza en mi rompecabezas que no la sabía faltante para sentir el domino de mis demonios (no, no tengo uno, son varios y no los he descuartizado como antes me hubiera gustado y seguramente no lo lograré), esa pieza la encontré en el Stand Up o en eso que llaman “comedia de autor”, esa comedia autobiográfica que se convierte en catarsis sublimada.

Imagino al Stand Up, como un dirigente sindical, ese que llega a las masas, que hace que todo se relacione entre si, que convierte un problema en oportunidad, que si le das poder, se puede volver tirano o tal vez podría  volverse corriente, corromperse,  ser ambicioso y poco humano, dejar el bien común y volverse cerdo, por eso hay que cuidarlo, tenerlo controlado, bien comido y bien descansado.

El Stand Up funciona a través de quien escribe y quien lo escucha, para que se convierta en un ser vivo, dinámico, voraz, hambriento y listo para exorcizar los demonios: los identifica, les describe, les encuentra la debilidad y ataca.

Ataca con humor, con ingenio y con inteligencia, se burla de “eso” que parecía un problema, un trauma o algo que causaba dolor. Debilita a los demonios, los ridiculiza y poco a poco pierden fuerza.

Y esos demonios, que antes se alimentaban de culpa, miedo y enojo,  ahora son el alimento del Stan Up, son los que le dan  fuerza, identidad y coraje.

Hay mucha gente que se está subiendo al barco del Stand Up, habrá quienes lo hagan por moda, por vocación o hasta por terapia… Será el stand up la terapia hipster de este siglo?

 

Y que me muerda el vino, que me devore el deseo, que me aniquilen los besos, esos que no se dieron. Que el estremecimiento sea eterno, que pensarte sea motor, escucharte motivo y que estés en el corazón siempre. 

Que se sublime mi deseo por ti en conversaciones y risas locas y que siempre haya pretextos.

Y pronto dejarás de ser tú, ese tú con probabilidades y te convertirás en utopía, en un error.

¿Quién dice que el destino no se equivoca? Con nosotros se equivocó. 

Y quedaremos ahí, en medio de posibilidades truncas con un futuro para otra dimensión y tal vez ahí en esa otra realidad, en otro momento, en otra vida, el tiempo juegue a mi favor.
En esta, no.

Veinte años 

Hace muchos años mi papá se casó con mi mamá y hace casi quince quedó viudo y solo en un departamento. Se adaptó al silencio, a la nostalgia y a esperar la muerte.

A pesar de algunos sustos, es un hombre sano e independiente.

Su sentido del humor es peculiar, ágil y a veces pícaro. Es emocionalmente sordo, así que ríe y juega a su antojo y selecciona qué quiere escuchar y se encarga de que me dé cuenta cuando no quiere ser “regañado”, calla a su antojo lo importante y adora contar chismes. Es mi confidente, aliado y amigo.

Y ahora volverá a casarse, (tomo aire para continuar) con su maestra de poesía veinte años menor. 

Veinte años!
¿Qué va a saber Carlos Gardel del significado de veinte años? 

En los últimos veinte años comencé y terminé una carrera de Psicología y una Maestría, me enamore y desenamoré varias veces (más de las que me gustaría confesar), me casé … ¿como que veinte años sin nada? ¡Son la diferencia entre mi adolescencia y la que soy ahora!

Veinte años menor que él! La “maestra” de poesía es ¡veinte años menor que él!

¿Quién va a sesiones de poesía? Un romántico, un loco, un solitario, un viudo, un papá, MI papá.
Y busca cada mes un poema significativo, delicado e inteligente para presentarlo a su clase, ¿a su clase o a ella? Piensa qué dirá, ensaya, se emociona, busca chocolates, pequeños regalos, mi padre resultó galante.

Ella es veinte años menor!

Y supe de ella, es artista. Artista… bohemia… soñadora. ¿qué hubiera pensado él si yo me hubiera enamorado de un artista o un hipster?
Y la conocí, guapa, elegante y arrugada. Sí, arrugada y pensé: ¿cómo puede estar tan acabada si es veinte años menor que él? Y es cuando recordé:

Mi papá tiene 80 años y volverá a casarse.

Barney y yo 

Era un día caluroso de verano, hace casi veinte años. Era estudiante de psicología y ya tenía mi primer trabajo. 

Me sentía independiente, poderosa y decidida, el mundo me quedaba pequeño y estaba dispuesta a devorármelo.

Yo tomaba muy en serio mi trabajo, era responsable, organizada y determinada. Nada se interponía entre mi encomienda y yo. Yo era ni más ni menos que una titiritera.

Y no cualquier titiritera, no. Era la responsable del show de títeres de Barney en las fiestas infantiles. 

Mi labor (importantísima para mí) era concertar las citas con las mamás (a veces histéricas y siempre demandantes), checar la ubicación saber para cuántos niños y niñas sería el show, coordinar al equipo de titiriteras y lo más importante: saber si iría Barney o solo su representante en títere.

Ese día hacía tanto calor que la piel quedaba pegada al asiento del coche, el tráfico era infame y ya íbamos tarde. El show era en la colonia Polanco, que como saben, se destaca por ser una zona donde vive gente con dinero y sin modales.

Llegamos mis dos compañeras y yo, montamos el pequeño pero muy pesado escenario en donde montaríamos el espectáculo de títeres de Barney y debo de hacer un comentario adicional sobre este personaje antes de continuar con esta historia:

Como recién ingresada a la carrera de Psicología, ya creía saberlo todo sobre el desarrollo infantil, ya tenía juicios (por mi completa falta de formación) sobre este personaje que desde años atrás me causaba repele. La voz se me hacía detestable y no digamos el contenido de los programas.

Retomo la anécdota, llegamos tarde, la mamá ya nos esperaba molesta, armamos el escenario y nos disponíamos a dar la primera llamada cuando se acerca ansiosa la mamá y los pregunta sobre la presencia del dinosaurio morado y de de sexualidad cuestionable. Se le aclaró que ella solo pidió el show de títeres y no que se presentara dicho personaje. Como era de esperarse, “el cliente tuvo la razón” por lo que me puse en contacto con el hombre que siempre se ponía la enorme, sududa, maloliente, sucia, morada y pesada botarga de Barney, quien no podía llegar a la fiesta a cumplir con tan honorable trabajo.

La decisión estaba entonces entre nosotras tres, ¿quién se iba a poner esa especie de pijama gigantesca y apestosa durante una hora para jugar, bailar y complacer a pequeñines menores de seis años atascados de dulces y sobre estimulados con juegos y música? 

Mi estatura jugó nuevamente en mi contra, mis compañeras eran muy bajitas y de haberse puesto semejante disfraz, Barney hubiera parecido acordeón, shar pei o como si lo hubieran hecho bolita y tirado a la basura. Esto era una tarea para alguien grande y fuerte y esa -una vez más, era yo- ya luego contaré la vez que tuve que jalar la cuerda de la piñata en MI propia fiesta.

Me dispuse a entrar a ese enorme cuerpo, tuve que quitarme la ropa pues el calor era insoportable. Ya el hecho de entrar en ropa interior hizo que me sintiera vulnerable, además de asqueada, saber que partes de mi piel rozarían con la tela sudada por el otro hombre era demasiado, el olor a sauna sucio y rancio, el peso de la cabeza y la humedad de las pantuflas era una verdadera tortura, pero siempre me he considerado estoica y profesional y ese día no era la excepción.

Y ahí estaba yo en medio del salón de fiestas, escuchando “te quiero yo y tú a mí, somos una familia feliz…” como música de fondo de mi humillación, por la rejilla de la boca del dinosaurio veía la cara socarrona de mis compañeras y los niños…. los niños a mí alrededor… no cantando, no bailando, no felices de ver a su ídolo en la fiesta, no.

Esos pequeños monstruos de menos de un metro de altura de dedicaron a pisarme y jalarme la cola, a golpear la panza, a pedir que los cargara para la foto y luego darme un golpe en la cabeza. Todo eso hacía que yo sudara peor y que el sudor entrara a los ojos y ¿cómo te limpias el sudor de los ojos cuando tienes  una cabezota y unas manoplas que me lo impiden?!

Llegó la hora del pastel y con eso el fin de mi tortura, unas últimas fotos y por fin el final. El pequeño festejado pide una foto más, hago el esfuerzo de cargarlo y de repente hacemos contacto visual a través de la sonrisa de malla del dinosaurio aquel, y el niño extrañado pregunta: 

“¿Por qué Barney se comió a una niña? 

respondí con voz infantil y lo suficientemente suave para que solo el me pudiera escuchar: 

“Porque me porté mal”

Quedó en silencio, en shock, lo bajé y continuaron cantando y festejando, todos menos él.

El Estado Mexicano como las Mujeres Víctimas de Violencia

Las Ciencias Sociales especializadas a la atención de víctimas de violencia familiar definen al Síndrome de Indefensión Aprendida o Desesperanza Inducida como una condición psicológica en la que la víctima de violencia aprende a creer que está indefensa, que no tiene ningún control sobre la situación en la que se encuentra y que cualquier cosa que haga es inútil.

Hablemos del Estado Mexicano como si fuera (lo es) un símil de las mujeres víctimas de violencia familiar y que a consecuencia de una relación tirante y codependiente con EUA tiene ya este síndrome.

Los últimos sucesos macan un retroceso en la relación con Estados Unidos en donde como buen dominante en la pareja, pone sus reglas, chantajea y amenaza y México como buen pasivo/sumisa de la pareja, se confunde, se deprime y se aísla.

Como resultado de un proceso sistemático de violencia, la víctima (México) permanece pasiva frente a una situación que daña, incluso cuando dispone de la posibilidad real de cambiar estas circunstancias.

Este síndrome es una “adaptación psicológica”, una salida que encuentran las víctimas para procesar tanto dolor, decepción e impotencia a lo largo de toda su historia; y no la tenemos fácil cuando no hay manera de dejar de ser vecinos aunque el muro nos separe, seguiremos teniendo relación para siempre y por siempre (como cuando hay hijos e hijas).

Cuando se ha sufrido violencia de cualquier tipo, ciertas situaciones se presentan ante las víctimas como “sin salida”, y antes de intentar cualquier acción para revertirla se asumen en pleno convencimiento de que nada se puede hacer para mejorar dicha realidad, que no hay otra salida, más que la que han optado; en el caso del Estado Mexicano, refrendando la “amistad” la disposición de diálogo y hasta eliminando aranceles a varios productos.

Tras fracasar en su intento por contener las agresiones, prevenirlas, evitarlas o alejarse de ellas, y en un contexto de baja autoestima  que se refuerza cotidianamente ante la incapacidad por acabar con esa situación, las víctimas asumen lo que les pasa como un castigo merecido, que por no haber actuado a tiempo esta es una consecuencia natural a su situación, asume la responsabilidad a medias, pues en el fondo deposita su situación a las circunstancias que van más allá de su control, por ejemplo, el aumento al costo de la gasolina en el mundo. 

El silencio (o la omisión, que no es lo mismo), es uno de los principales obstáculos a los que una víctima de violencia se enfrenta, el silencio hacia sí misma y hacia las y los demás; privando a su red de apoyo cercana (ciudadanía) de la posibilidad de intervención inmediata.

Reconocerse como víctima y “traicionar” al que ha sido su compañero, asumir el juicio social, sentirse responsable de las agresiones, la falta de perspectivas  personales  y económicas, son factores psicológicos y sociales nada fáciles de encarar, que mantienen en la víctima el efecto de la terrible lacra que es la violencia.

 Y ¿qué hacer? 

Reconocer la confusión, buscar nuevos aliados, hacer una introspección y trabajar en su interior y desengancharse de lo que su ex hace.

Pensar(se), atender(se), cuidar(se), recuperar(se), tener y dar certeza de que puede salir adelante.

Esto no es trabajo de uno (EPN) es trabajo de todas y todos, de tener conciencia que la situación es difícil pero no imposible, recordar que se ha salido de otras dificultades y que esta es una más y que el trabajo se tiene que hacer aunque nos enojemos, aunque nos deprimamos.

La vida se preserva, la vida es primero, NUESTRA vida es primero.

A darle !

Adaptación del texto de http://www.cimacnoticias.com.mx/node/63547

¿Y qué harás en este nuevo año que está por llegar?

Nada te asegura que el día después del 31 de diciembre de cualquier año, sea diferente al resto de los días que has vivido. Es un día más o un día menos.

La realidad es que el 1ro. de enero es como cualquier otro día. Despertarás de buen humor o no, con cansancio o con muchos bríos, pero en el fondo, todo es igual.

Será el inicio de un año más en el que cumplirás a medias tus propósitos y olvidarás tus metas, justificarás una y otra vez tu falta de disciplina y determinación, culparás a tu jefe, a tus padres, al gobierno, a la economía, a todo menos a ti.

Y cuando menos te la imafin s, te enfrentarás nuevamente a un diciembre insípido, con cuentas pendientes y con sueños cumplidos a la mitad.

¿Cuántas veces has vivido este ciclo? ¿Cuántas veces has llegado a fin de año con la insatisfacción o resignación de no haber cumplido tu palabra?

Y se quedan reencuentros pendientes, palabras sin decir, perdones sin realizar y todo queda igual.

El 31 de enero es un día más… a menos que utilices el simbolismo de la fecha para hacer algo al respecto. ¿Quieres empezar de cero? Perdona, agradece y suelta.

¿Quieres cumplir tus propósitos? Fija metas cortas y realistas. Confía en ti y no escuches a quien quiere desanimar tu espíritu.

¿Quieres que este año sea significativo y distinto? Ayuda, apoya las causas en las que tengas interés: personas en situación de calle, niñas y niños en abandono, ecología, animales, no importa la causa, comprométete y ayuda.

¿Quieres que las cosas cambien? Cambia tú.

O no y sigue como estás, con tus cosas a medias, con tus amores a medias, con tus amistades truncas, con tus proyectos llenos de justificaciones, siendo quién eres, así mediocre y gris.

Está en tus manos,  aprovecha (o no) este momento y empieza a ser diferente.